jueves, 17 de marzo de 2011

Don Checho

Primero no pude acercarme al personaje al que comencé a observar, estuve largo rato con ganas de hacerlo pero su personalidad extrovertida y aparentemente simpática me lo impedía. Le pregunté acerca de lo que vendía en un paño arrojado en el suelo con productos cuidadosamente ordenados para la presentación al cliente.
Vendía audífonos y ese tipo de cosas que según él “Los lolos los compran todos los días”
Así empezó mi tarea de tratar de hablar un poco más con él, claro no todos los días uno sale a la calle y habla con quien sea, al menos yo no lo hago...
Su nombre es Sergio, también como a modo de presentación me dijo su apellido y de donde era, pero por mi nerviosismo solo intenté capturar el nombre para no olvidarlo luego.
Don Sergio para mi, se convirtió antes que me diera ni siquiera cuenta, en mi entrevistador y yo el entrevistado sin chistar empecé a responder sus preguntas.
Claro la idea era otra pero en ese momento no lo noté, solo pude preguntarle un par de cosas, nada importante, cosas como porqué vendía eso, me dijo que antes trabajaba en la locomoción colectiva, en los talleres de las micros, pero que con el Transantiago la cosa se había complicado y con tres hijos, había que rebuscárselas como sea.
También le pregunté la edad, dato realmente irrelevante y que no importaba, ya que aunque era una persona bastante joven pasadito los 40 años, su cara de cansancio y de agotamiento a causa de la vida, lo ponía de inmediato en la posición de alguien mucho mayor y que por lo mismo me obligó a llamarlo por don.

Solo alcancé a preguntar eso y el comenzó con su interrogación, al principio un poco celoso de querer hablar con alguien desconocido que por su trabajo de vendedor ambulante, requería dudar de todos.

Pero luego de un rato salió el verdadero “Don Checho”, como el me pidió que lo llamara, la misma persona que se reía a carcajadas a mitad de la calle, por la última talla que le dijo a un par de colegas que vendían otras cosas unos metros más allá.
Esto era quizás los más curioso, él estaba ahí como si no le importara que fuera la calle, este era su lugar, yo por supuesto solo, con alguien que llega a intimidar trataba de pasar lo más desapercibido posible, y él todo lo contrario, entre las preguntas que me hacía acerca de la carrera mi vida y demases, se reía repito de manera impresionantemente fuerte, y respondía a las preguntas de los precios de quien se acercaba para preguntar por el par de audífonos de una marca muy similar a Sony, pero seguramente más barata y china.
Luego de un rato me confiesa que le hubiera gustado estudiar, decae un poco se alegría pero no tanto, al momento se reincorpora con otra frase que me desconcierta, cuenta que es lo que le tocó y a pesar de no ser lo mejor del mundo no se queja, solo espera que sus hijos puedan tener muchos más logros que él. Con mucha esperanza dice que ellos aunque chicos aún, ya van al colegio y él siente como persona que las cosas están cambiando, que ahora si las personas de más bajos recursos pueden surgir, que la educación, que la ciudad es distinta a antes. Pienso de una manera mucho más negativa, creo que casi siempre la historia se repite y me siento de manos atadas por no poder hacer nada, aunque conocer a personas como Don Checho, hace que uno quiera cambiarlo todo, quiera enmendar esta ciudad y la mente de aquellas personas que creen que es mejor mantener todo como está.
Trato de retomar la entrevista y tomar mi lugar como quien hace las preguntas, pero ya es demasiado tarde, esto no es una entrevista, de ningún lado, quizás eso lo haga aún más interesante, ahora solo conversamos de cosas que probablemente no sean tan importantes, pero que al menos a los dos nos permiten sacarnos nuestras fachadas y ser dos conocidos que hablan. Me cuenta que solo algunos días trabaja en este sector universitario, que otros días va al paseo Ahumada, y otros a la conocida esquina de Lyon.
Es una persona supersticiosa, me dice que prefiere ir probando porque algunos días está bueno aquí, otro allá, además cuenta que le carga la monotonía, le gusta vivir cosas nuevas, ver nuevas caras, yo pienso, si a mi también me gusta esto, pero la verdad es que es más cómoda la monotonía, aunque ahora que conocí a Don Checho, me doy cuenta que lo novedoso, tiene el ingrediente de lo desconocido, que cautiva aún más y que puede con simples cosas hacer un día común y corriente, en uno mucho más entretenido, con esa sensación de que pequeñas cosas nos pueden realmente cambiar.